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lunes, 16 de junio de 2014

Spoon - The Underdog


Cumpliendo con mi planning del Primavera Sound, después de ver a Mishima y a Jonathan Wilson en "Mordor" (escenarios más alejados del Fòrum), les di una una oportunidad a Television (en disco no me decían nada, pero había que confiar en eso de "son leyenda" y en Dani Vega de Mishima, que los recomendó desde el mismo escenario horas antes), pero aguanté tres canciones (no me van los clásicos, lo siento). Luego, la ruta era ir a la "Plaza Mayor" (escenario Rayban) a ver al mítico Caetano Veloso, pero sólo un par de canciones, porque era necesario volver de nuevo a "Mordor" para ver a Spoon, un grupo que me hacía especial ilusión porque era la primera vez que los iba a ver en directo. Además, es el grupo preferido de un amigo que también estaba por allí, así que tenía buena compañía asegurada. El plan no contemplaba las distancias del Fòrum, así que llegué un poco tarde, pero pude disfrutar muchísimo del concierto, de la energía de esta banda de rock clásico de Texas y de mis tres canciones preferidas: The way we get by, You got Yr. Cherry Bomb y la que escogí para poner en la radio: The Underdog

Su trayectoria discográfica desde que formaron el grupo en el 93, ha sido bastante constante, sacando disco cada dos años. Ese ritmo se rompió en 2010, con su disco Transference (2010), después del que se tomaron un descanso indefinido hasta este año. Ya que por fin han vuelto, y el próximo 5 de agosto sacan nuevo disco, que se llamará They Want My Soul (2014) y que adelantaron la semana pasada en una entrevista en la radio NPR, que podéis escuchar y leer en la web. La verdad es que los fragmentos de temas que van sonando durante la entrevista suenan muy bien, así que parece que se avecina discazo. Además, ya está disponible en spotify y en youtube Rent I pay, la pista que abrirá el álbum. 

Os dejo con el videoclip de The Underdog, que a partir de ahora ya es canción perfecta, con el podcast del programa (esta recomendación a partir del 51:45) y con la letra.



The Underdog


Picture yourself in the living room
Your pipe and slippers set out for you
I know you think that it ain't too far

But I, I hear the call of a lifetime ring
Felt the need to get up for it
Oh, you cut out the middleman
Get free from the middleman

You got no time for the messenger
Got no regard for the thing
That you don't understand
You got no fear of the underdog
That's why you will not survive

I wanna forget how conviction fits
But can I get out from under it?
Can I cut it out of me?

It can't all be wedding cake
It can't all be boiled away
I try but I can't let go of it
Can't let go of it

'Cause you don't talk to the water boy
And there's so much you could learn
But you don't want to know
You will not back up an inch ever
That's why you will not survive

The thing that I tell you now
It may not go over well
Oh, and it may not be photo op
In the way that I spell it out

But you won't hear from the messenger
Don't wanna know about something
That you don't understand
You got no fear of the underdog
That's why you will not survive


domingo, 1 de junio de 2014

Reflexiones sobre la música en directo

Éste no es un post convencional de mi Rayuela Musical, y quizás es más propio de Ésta es la historia de un ruidito, pero la temática va en relación a lo que mueve que yo mantenga este blog, así que he optado por publicarlo aquí. 

Es la adaptación de una serie de tweets que he publicado esta mañana para justificar la conclusión a la que he llegado tras mi vuelta al Primavera Sound (el 2009 fue mi último año), así que el texto empieza con ella.

El PS no es un festival hecho para mí. Hay muchas cosas frías en esta vida, y también muchos borregos. Para mí, la música en directo no es eso. Puede que disfrute en el festival de otras cosas, cierto, y que el festival me permita ver grupos que de otra manera no vería (porque sus giras no pasan por aquí), o flipar descubriendo el directo de grupos que ni los conocía, ni los tenía en mis preferencias, ni se ajustan al estilo de música que me gusta (Esta edición ha sido Seun Kuti & Egypt 80).

Por poner algunos ejemplos: la sonrisa constante del viernes viendo a Supertrópica en el Microclima Sound, un festival organizado en una minúscula (pero con enormes iniciativas) tienda de discos (Ultra-local Records); el quedarse con la boca abierta durante todo el concierto de Jonathan Wilson en su concierto del Faraday; todas y cada una de las emociones en la plaza del Trigo del Sonorama año tras año; o la piel de gallina y las lágrimas de verdad viendo a artistas que admiro en un teatro o auditorio (siempre fue mi escenario preferido los años seguidos que fui al PS). Son momentos que en las condiciones que se realiza el Primavera Sound, no se pueden vivir. La esencia de la música en directo se acaba perdiendo por el camino, y a mí me da la sensación de estar en el lugar equivocado. Y no hablo de disfrutar, porque anoche me lo pasé en grande viendo a los grupos que tenía ganas de ver. Canté como una loca las canciones de Mishima, que hicieron que parara de llover; se me cayó la baba con Jonathan Wilson y su sombrero, a pesar de enfadarme con él por no tocar el Love to love; me aburrí viendo a Television pero fue perfecto para huir y reencontrarme con un amigo; viví la energía y el positivismo de Spoon y reconocí sus temazos; me quedé embobada con la voz de Justin Vernon y la entrega de su guitarrista en el concierto de Volcano Choir; Seun Kuti & Egypt 80 me demostraron que las etiquetas en la música no sirven para nada; y vibré con el control absoluto del ruido por parte de Mogwai. Pese a todos estos grandes momentos, al acabar la jornada a ninguno de estos conciertos le pude poner cinco estrellas como he hecho otras veces, porque resulta que la última estrella es la de la emoción y en un festival tan grande, frío y masificado, las emociones se desvanecen o se convierten en algo contagioso provocado por el ambiente eufórico que, en mi opinión, no es real. 

Así que brindo por todas las propuestas musicales que me proporcionan esa quinta estrella, por todos esos músicos que consiguen conectar con el público de tú a tú, que te miran y sonríen mientras cantan o tocan, que te hacen sentir que no eres uno más, que notan que estás disfrutando porque ellos también lo están haciendo, retroalimentando esa empatía mutua que hace que la música en directo consiga ser algo realmente mágico.